Un pacto de amistad
Laura ya os ha contado lo enfadados que estábamos antes de empezar las vacaciones. Los dos íbamos a coincidir en verano con Alicia y Tomás, porque nuestros padres son amigos y habían decidido veranear juntos en el pueblo de la madre de Alicia. Aunque éramos compañeros de clase, ninguno de los cuatro nos llevábamos especialmente bien con los otros. Laura pensaba que Alicia era algo estirada y presuntuosa, y a mí no me apetecía estar con Tomás, porque me parecía un sabelotodo y un creído. Además, yo sabía que Alicia consideraba a Laura demasiado juguetona e infantil, y Laura me dijo que Tomás me tenía por un chulo y un abusón. Las vacaciones no iban a ser nada divertidas...
No tuvimos más remedio que empezar a quedar juntos, pero de esa manera nos fuimos conociendo mejor. Resulta que Alicia no es tan estirada, solo algo tímida, y muy atenta con los demás. Tomás es un poco sabihondo, pero también es soñador y entretenido con sus historias y fantasías. Laura es simpática y cariñosa, y los demás dicen que, aunque soy un poco cabeza loca, siempre rectifico y pido perdón cuando me equivoco... Total, que a fuerza de conocernos bien, nos hemos convertido en amigos inseparables.
Antes de terminar las vacaciones, hicimos un pacto de amistad. Se me ocurrió a mí la idea, porque había leído en un libro que unos chicos lo hacían. Para darle más solemnidad, preparé un papel que parecía pergamino. Nos reunimos en una cueva junto al mar, que Tomás llama «la gruta de los filibusteros», porque, según dice, había sido refugio del pirata Morgan y sus compinches. En realidad, aquí el único Morgan es el perro que nos sigue a todas partes...
En el pergamino fuimos escribiendo a qué nos comprometíamos unos con otros. Lo primero que pusimos es: «Nos ayudaremos siempre en todo lo que necesitemos, ya sea por enfermedad, por un apuro o por cualquier otra razón, aunque eso signifique un sacrificio para los otros». Y luego añadimos: «Nunca hablaremos mal de ninguno de los demás, ni dejaremos que otros lo hagan. Si alguna vez pensamos que alguien ha hecho algo mal, se lo diremos a la cara con respeto, para ayudarle».
— ¿Qué más podemos escribir en el pacto? —preguntó Tomás—. ¿Tú qué piensas, Morgan?
Morgan es de una vecina de Laura, pero nos lo deja los fines de semana y también en vacaciones. Se cree que está en buenas manos, ¡jejeje! Bueno, tampoco es que le hagamos perrerías. Solo lo tiramos al agua en cuanto se acerca a la orilla de un río o al mar, y gritamos: «¡Perro al agua!». Pero lo hacemos cuando hace calor, porque le encanta...
— ¡Ya está! —dijo Alicia—. Podemos escribir: «Nunca haremos bromas para reírnos a costa de otros; solo haremos bromas en las que nos riamos todos».
Pusimos algunas cosas más y firmamos todos. Cuando nos fuimos de la cueva, vi que Tomás se retrasaba. ¿Estaría soñando con los piratas? Esta vez, no. Al poco rato, le oímos gritar:
— Perro al agua!
- ¿Por qué estaba enfadada Laura antes de las vacaciones?
- ¿Cómo son realmente cada uno de los personajes?
- ¿Qué hicieron los amigos antes de terminar el verano? ¿Qué contenido tenía?