La peste negra, o peste bubónica, fue la epidemia más destructiva de las que asolaron Europa. Se produjo a mediados del siglo XIV. El origen de la enfermedad se halla en la rata negra. Se contagia mediante la picadura de las pulgas. La pulga pica a una rata infectada y cuando esa misma pulga pica a otro animal, le transmite el bacilo. La enfermedad pasa a los humanos cuando son picados por una de estas pulgas. En realidad, los contagios a humanos se producen mediante la picadura de una pulga infectada y no de persona a persona. Pero eso se ha descubierto mucho más tarde. En la época de la epidemia la gente no lo sabía. La cercanía de las ratas con los humanos favoreció que las pulgas saltaran de las ratas a las personas propagando la enfermedad. La peste tenía una tasa de mortalidad altísima. Lo normal es que murieran el 60% de los enfermos, pero en algunos lugares llegó a ser el 90%. Se calcula que murió entre el 25% y el 65% de la población a causa de la epidemia. Al no saber la causa de la enfermedad, ni cómo se transmitía, ni cómo se curaba, la gente fue presa del pánico. Muchos la consideraron un castigo divino, y pensando que debían hacer penitencia por sus pecados, se unían en grandes grupos que iban en procesión azotándose con látigos de púas.